Existen miles de formas para obtener hidrógeno. Algunos científicos han conseguido generarlo ¡a partir del pan!, otros han desarrollado un proceso similar al de la fotosíntesis que realizan las plantas (incluso se ha llegado a experimentar con algas, como puedes ver en la foto). Sin embargo, entre todos estos métodos (más o menos viables), destacan tres:
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* A partir de hidrocarburos: la gasolina está compuesta de hidrógeno y carbono. Mediante un catalizador se arranca el hidrógeno de la gasolina y se envía, en forma gaseosa, a la pila de combustible. Los detractores de esta tecnología aseguran que termina siendo contaminante; sin embargo, la cantidad de CO2 que se emite a la atmósfera es mínima. Además, también se puede conseguir de combustibles “verdes” (los biocarburantes).
* A partir del gas natural y vapor de agua. Hoy por hoy, la opción más barata para producir el hidrógeno es el gas natural, mediante la denominada tecnología del reformado con vapor. Es también la opción menos contaminante a partir de combustibles fósiles.
* A partir del agua mediante electrólisis: una corriente eléctrica descompone el agua en hidrógeno y oxígeno. Pero ¿cómo obtener esta electricidad? Centrales nucleares, energía eólica, solar... hay que sopesar si su producción no contaminará más y resultará más cara que los beneficios que puede conseguirse con coches de hidrógeno.



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